viernes, 19 de marzo de 2010

Cristo de la Veracruz



Si el siglo XV fue la época de los descubrimientos del Nuevo Mundo, el siglo XVI estará marcado por la evangelización y la conquista de lo denominado Indias Occidentales y cuyos cánones serán acordados entre España y Portugal y rubricados en cinco bulas por el pontífice Alejandro VI.
La Armada Española comienza el reconocimiento y conquista de México en 1519.
En 1935 la Corona crea el Virreinato de la Nueva España, órgano que gestiona las nuevas tierras colonizando y evangelizando a los indígenas.
El pueblo purépecha, denominado por los invasores hispanos como tarascos, trabajaban la escultura tomando como base la médula de la caña de maíz.
Los indígenas tenían la costrumbre de llevar consigo a sus dioses a las guerras entre tribus vecinas, los tarascos transportaban a sus grandes y ligeros dioses guerreros.
Fue Vasco de Quiroga, ( Tata Vasco ), el primer obispo de Michoacan, quien advirtió esta técnica indígena, instalo talleres y solicito artistas españoles entre los que destaca Matias de la Cerda, consiguiendo una fusión de arte y cultura de ambos lados del Océano Atlántico creando imagenes cristifereas de dimensiones considerables y a la vez muy livianas.

A partir del segundo tercio del siglo XVI comenzaron a llegar cristos de caña a la península hispánica. Estos imponentes crucificados formaban parte del ajuar de aquellos españoles que viajaban a las Indias.

La única pieza que se conoce en el País Vasco, llegó a Lekeitio de mano de Juan de Uribe y Apallua, hijo de esta villa y vecino de Sevilla, almirante que prestó diferentes servicios al rey Felipe II.
En 1588, Uribe y Apallua ofreció esta imagen y 400 ducados para construir un altar nuevo ( hoy Capilla de la Vera-Cruz )donde ya existía uno dedicado a esa advocación desde la constitución de la cofradía de la Veracruz hacia 1554.

Hoy día, el investigador-restaurador Francisco Pablo Amador Marrero, del Instituto de Investigaciones Estéticas de México, ha identificado más de medio centenar de crucificados, entre las que destacaría por su antiguedad: El Cristo de Telde en las Islas Canarias. Córdoba conserva un total de nueve piezas, cinco en la capital de las que destacaría El Esparraguero, los otros en Montilla ( El Cristo de Zacatecas ), en Guadalcázar, Lucema y Monturque. Cadiz el Cristo de Bornos.
Tambien en México existe un buen numero de piezas.